- No sé qué vamos a hacer. No sé qué voy a hacer
Se preguntaba ella y le decia a él, por celular. Era imposible negar que cuando se veían, se atraían. Que en la distancia, se conectaban.
Mucho ruido, muchos murmullos, mucha música. Toda ella -así lo quiso- había quedado bajo el dominio del ritmo en el escenario; no era dueña de sus movimientos (corporales ni mentales). Bailó y bailó cuando de repente se escabulló para buscar la puerta que daba hacia la calle. Salió a pesar de haber dejado sus botas tiradas y ahora se encontraba en la calle descalza, mientras se preguntaba y replicaba por teléfono no saber qué hacer.
Paradójico pisar los primeros minutos del día de la independencia y que ella no la tuviera
- ¿Alguien la tiene? - se preguntó y continuó-
¿Hemos sido, somos y seremos una combinación aleatoria de particulas dependientes, condicionadas? ¿Acaso no es el tiempo, el lugar, la biologia, la ideología (y todas las logías), las leyes de la naturaleza y de los hombres las que acechan en cada paso, en cada decisión? ¿Soy libre? ¿De qué?
Por ello era que ella no sabia qué iba a hacer con él.
El día y la condición de independencia era una contradicción más tratada como valor absoluto. Una de las tantas lecciones que hacen parte de una memoria, que se ha deformado y deja sólo confusión y desarraigo. La política no le ha servido a los seres humanos para equilibrar todas sus
dependencias ni tampoco ha estado al servicio de las
decisiones propicias, que conlleven a procesos de mutuo beneficio.
El escenario es el juego de algunos, donde perdían muchos, ésos a los que sólo les dejan sobre la mesa hilos de los cuales colgarse y no herramientas para tener y tomar otra decisión, otro destino.
Ella jugaba ahí, él también. Reconsideraban las reglas de un juego que aún estaban juntos por diseñar y que claramente debía ser inverso al planteado por el escenario, porque, no es el que ellos estaban dispuestos a cargar en sus hombros. Era un peso que cada uno por separado había intentado desbaratar. Era un sistema que no les era inherente. Ella quería no sólo pisar los minutos de la independencia, sino ejercerla. Lo había hecho en parte, cuando atendió el mensaje de voz y se apartó para llamarle, aunque de regreso encontrara una mirada triste.
Dicen que podían estar habitando los estadios de la locura, dicen que pueden ser de una lejana legión bendecida por el Fenix, dispuestos a caer pero sobretodo a renacer, descubrir o crear nuevos horizontes, nuevos rumbos con las pinceladas de aquello que les es legitimo (1) , eso tan escaso en este tiempo.
(1) Que la música salve por lo menos el resto de la noche, y cumpla a fondo una de sus peores misiones!, la de ponernos un buen biombo delante del espejo, borrarnos del mapa durante un par de horas!
El verdadero arte es capaz de construir puentes entre el universo palpable y aquel otro que nos pertenece sólo "por sospecha". Lo verdadero no quiere decir lo legitimado, que es diferente a lo legítimo. El arte transgrede precisamente eso, lo "legitimado", para entrar a validar esas expresiones humanas que exploran el infinito cosmos de nuestra desconocida y muchas veces ignorada intimidad, que es en última lo que realmente nos pertenece, lo legítimo. Gagliani, Vivian; Sax sex six, explorando en la piel de lo abstracto (2007) Introducción sobre el cuento El perseguidor de Julio Cortazar, pág 1 (jajajaja tan formal yo).